domingo, abril 14

Un tercio de los contratos firmados en enero tenían una duración inferior a un mes | Economía

El mercado laboral empezó el año con algunas dudas, pero todavía cuenta con 20,6 millones de personas trabajando, una cifra nada despreciable. Desde que entró en vigor la reforma laboral en diciembre de 2021 -aunque su plena aplicación se produjo en marzo de 2022-, el contrato indefinido se ha situado en el centro de la contratación -que se ha multiplicado desde entonces-, rozando la temporalidad y reduciéndola a los números. más cerca de los niveles europeos (16%). Sin embargo, en enero se produjo una caída inesperada en la duración de los contratos firmados en ese mes: el promedio fue de 48,85 días, el valor más bajo en este período desde 2006. Entre otras cosas, porque un contrato de cada tres duraba menos de un mes, según a datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).

El recorte en la duración de los contratos al inicio de curso -un periodo fuertemente influenciado por la campaña navideña, que justifica que las nuevas incorporaciones deban cubrir un período de tiempo determinado- se redujo prácticamente a la mitad respecto a los datos generalizados recogidos en el mismo periodo de hace 18 años, cuando la cifra era de 86,8 días. Desde entonces, sin embargo, se ha iniciado un descenso más o menos continuo que se ha agravado en los últimos años. Tomando como referencia los últimos cuatro meses de enero, la caída de 2024 es la más significativa: mientras que en 2022 el promedio fue de 52,21 días; en 2023 pasó a ser 51,82; y este año se redujo en 2,87 puntos.

Según datos del Sepe, un contrato de cada cinco firmados en enero tuvo una duración inferior a una semana (244.745), mientras que 66.664, el 5,6% del total, tuvieron una duración de entre siete y 15 días. Además, se firmaron 90.143 con una duración de entre 15 días y un mes, lo que equivale al 7,6% del total. La mayoría, un tercio del total (33,8%), duró menos de un mes.

Al comparar los contratos firmados entre 2019 y 2022 (años fiscales completos), su duración promedio se redujo en solo dos días. Durante este periodo se firmaron 227.037 contratos menos de duración inferior a siete días (un 48% menos); 69.064 menos entre 15 días y un mes (un 43% menos); y los que tienen contratos indefinidos (principalmente de trabajo y servicios y temporales o de reposición) disminuyen un 85%, contabilizando 568.062 menos.

La lucha contra mortalidad La contratación contractual está prevista en la reforma laboral en forma de un aumento de las sanciones (ya existentes) para los contratos temporales inferiores a 30 días. Con el marco regulatorio actual, la cotización adicional que deben pagar los empresarios, una vez concluidas estas relaciones laborales, asciende a 29,74 euros.

Sin embargo, la ordenanza definitiva sobre las bases de cotización para 2024 -aún no publicada- aumentará esta sanción aproximadamente un 5%, hasta los 31,22 euros, en línea con el incremento que también sufrirá la base mínima (que al igual que el salario mínimo interprofesional) . El objetivo es disuadir a las empresas de celebrar contratos muy cortos, que duren apenas unos días o tan solo cuatro semanas. Una práctica que prevalece desde hace años y que tuvo su principal representación en aquellos contratos firmados el lunes y rescindidos el viernes.

El ausentismo está creciendo

Si bien la duración de los contratos se ha ido reduciendo progresivamente en los últimos años, el absentismo laboral se ha duplicado, de forma especialmente acusada en el último año. Según datos del INE, el porcentaje de personas que no acudieron a trabajar por estar de baja -una Incapacidad Temporal, como detalla técnicamente- representó el año pasado el 4,1% del total de ocupados, cuando hace más de diez años, en 2013, era el 2%.

Entrando en detalle, dentro de la serie histórica se evidencian dos períodos con comportamientos muy diferentes: entre 2007 y 2012 la tasa de ausentismo pasó del 2,8% inicial al 2%, y desde entonces hasta hoy ha aumentado hasta duplicar su tamaño. Un comportamiento que ha situado a España en lo más alto del ranking clasificación Nivel europeo de absentismo laboral junto con Francia y Portugal. El impacto del Covid justifica en parte este cambio de tendencia.

“Existen múltiples factores que influyen en las TI, como las condiciones laborales, la cultura corporativa y las políticas y prácticas de recursos humanos”, afirma Juan Miguel Mesa, uno de los autores del trabajo titulado Estudio sobre incapacidad temporal e tasa de accidentes, elaborado por la mutua Umivale Activa y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie). Mesa también destaca factores externos al trabajo como “la situación familiar o el contexto social y cultural”.

Según los últimos datos de la oficina europea de estadística, Eurostat, el coste de estas ausencias laborales –tanto justificadas como injustificadas– se estima en más de 17.000 millones de euros (1,4% del PIB español). Se trata de un peso superior a la media comunitaria (1,2%) y registra un incremento de 0,6 puntos respecto a 2014.

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