jueves, febrero 22

Diversidad, inclusión y tecnología, la receta del mejor colegio de España | Formación | Economía

Para encontrar el mejor colegio de España no hace falta buscar en el corazón de un entorno exclusivo y privilegiado. Este reconocimiento corresponde, este año, al CEIP Gumersindo Azcárate, un colegio público de educación infantil y primaria ubicado en un barrio del extrarradio de León. Un entorno en el que el contexto social y económico puede describirse como variado y complejo; donde un centro con apenas 130 alumnos acoge a más de 12 nacionalidades diferentes y donde la fuerza reside en la misma diversidad de etnias, culturas y nacionalidades que muchos otros consideran una amenaza.

La historia de Gumersindo Azcárate es la de un pequeño grupo de docentes capaces de llevar a cabo un proyecto caracterizado «por su singularidad en el uso humanista de la tecnología» y por su compromiso «con una convivencia diversificada y centrada en el impacto positivo en su entorno». Así lo afirma en su sentencia la Fundación Princesa de Girona, que el pasado 10 de enero entregó el citado premio de la mano de Felipe VI, durante una visita que los Reyes realizaron al centro. “La tecnología es el medio que utilizamos para unir un centro donde el origen de las familias y del alumnado es muy cercano al riesgo de exclusión social, con otros en condiciones más favorables”, explica César Ámez, jefe de los estudios. “Tenemos la oportunidad de enseñarles con los materiales y metodologías más vanguardistas y adecuados, y creemos que les damos la oportunidad de competir en igualdad de condiciones con estudiantes de entornos más favorecidos”.

Al recorrer los pasillos del colegio llama la atención un aspecto: todas las puertas de las aulas están abiertas, un pequeño detalle que, para Pilar Bahamonde, directora del centro, favorece el ambiente de trabajo. La política del centro es de puertas abiertas en sentido literal, ya que también se invita periódicamente a las familias a participar con sus hijos en algunas actividades formativas. “Ellos (los padres) se sorprenden cuando ven a sus hijos exhibir algo, o trabajan codo a codo con ellos y ven lo que son capaces de hacer”, dice Bahamonde. Hoy unos (niños de tercero y cuarto año) y otros se reúnen en el salón de Naturaleza, donde aprenden a preparar sales minerales de lavanda con hierbas del huerto escolar.

“Aquí se comparten muchas actividades y es algo que nunca he hecho con mi hija”, dice Joel Castillo, de República Dominicana. Este año ya ha venido cuatro veces, lo que a su hija le gusta mucho. Aunque lleva dos años en España, su hija Zoe (nueve años) llegó hace sólo cuatro meses. “Ha evolucionado mucho, ha hecho nuevos amigos y la diversidad es positiva para ella, porque conoce y comparte cosas de otras culturas”. Alrededor de los profesores hay madres, padres y alumnos gitanos, marroquíes, ucranianos y latinoamericanos. Y ganas de aprender y compartir. “Los adultos deberíamos aprender las lecciones que aquí tienen los niños, en materia de convivencia y diversidad”, añade Castillo.

La tecnología, desde la primera infancia hasta la escuela primaria

El compromiso con la diversidad, la inclusión y la tecnología se implementa en todo el proceso educativo, desde la primera infancia hasta la escuela primaria. Una tecnología, además, introducida poco a poco, que ha contribuido a hacerlo de la mejor forma posible. Patricia Fernández, tutora de sexto de primaria y recién llegada al centro, lo confirma: “La tecnología ya se había implementado muy bien y con mucha responsabilidad, porque saben muy bien cuándo tienen que usarla y cuándo no. Y luego ayuda mucho en el trabajo diario en el aula, porque trabajamos el contenido como lo haríamos siempre, y luego ellos tienen la tableta o computadora portátil para buscar más información. En resumen, tienen recursos y saben cuándo y cómo utilizarlos”.

Este uso humanista de la tecnología se refleja en los múltiples proyectos que el CEIP Gumersindo Azcárate tiene en marcha. Esto se puede ver, por ejemplo, en Biblioteca 2030, donde además de fomentar la lectura, trabajamos en la creación de cuentos y ficción expreso, A aplicación con el que los niños leen cada semana un capítulo de un libro, votan dónde quieren que continúe la historia y también pueden hacer preguntas al autor. No es la única herramienta digital: con instantánea Trabajan Lengua, Matemáticas e Inglés; Está dentro Sonríe y aprende, Participan de un universo interactivo donde cada planeta es un tipo de contenido. La biblioteca sirve también como un espacio multidisciplinar donde se fomenta la investigación y la indagación crítica sobre la información, aprendiendo a diferenciar la información relevante de la que no lo es.

Además, lógicamente, el componente tecnológico cobra protagonismo en el Aula del Futuro, un aula rica en recursos donde los alumnos trabajan el pensamiento computacional, “una habilidad mental que permite analizar cosas y resolver problemas, lo que les ayudará a su vez”. . sirven para desarrollar el pensamiento lógico y la toma de decisiones”, explica Jacqueline García, docente de primera infancia. Hoy la acompañan niños de cuatro y cinco años que trabajan en diferentes grupos: en uno, varios niños se arrodillan junto a una alfombra cuadrada donde planifican el camino que seguirá un pequeño robot; mientras, en la esquina opuesta, dos niños construyen números con piezas de Lego y otros dos grupos juegan alrededor de unas mesas.

“Con la nueva ley educativa uno de los contenidos que tenemos que trabajar es el pensamiento computacional, algo en lo que venimos trabajando desde hace mucho tiempo”, afirma Ámez. “Desde que nos convertimos en Samsung Smart School lo que hemos hecho es desarrollarlo con ayuda del programa Scratch, a partir del tercer año. Ahora seguimos haciendo esto con los robots y el aula del futuro, y los alumnos de quinto y sexto grado tienen una hora de pensamiento computacional por semana”.

Convivencia y comunidad

Mientras tanto, en cuarto grado, los estudiantes comienzan a aprender matemáticas de forma manipulativa todos los martes, es decir, con materiales manipulativos que les permitan comprenderlas y afinar el razonamiento lógico. Allí, agrupados en pequeñas islas internacionales y multiculturales, grupos de cinco estudiantes trabajan en colaboración. Niños como Angelina (de Ucrania), Josué (de Paraguay), Samara (gitana, de León), Mauren (de Colombia) y Cristina (de Rumania), quienes en uno de ellos practican el concepto de números dobles con pequeñas pizarras, bancos y policubos de colores.

Cuando llega la hora del juego a Gumersindo, lo hace como una extensión natural del buen ambiente que existe entre diferentes culturas y nacionalidades. “Antes ibas al parque y estaban los gitanos de un lado, los marroquíes del otro… Pero ahora juegan todos juntos; Han sido años de trabajo, no es fácil de lograr. Y el patio es un momento de convivencia”, afirma Bahamonde.

La comunidad se construye así, pero también con la labor de apoyo que el propio centro presta a las familias, a las que se ayuda en todos los trámites (como subvenciones o bolsas de comida) que tienen que hacer con la Administración, y también con los documentos que tengan deberán solicitarse a Hacienda. “Desde el año pasado contamos con un aula con ordenadores para que las familias puedan venir a hacer sus gestiones. Pero primero hay que sentarse con ellos y enseñarles, porque muchos ni siquiera tienen correo electrónico, no lo recuerdan o no cumplen con los plazos”, explica Bahamonde.

Y ahora, Erasmo

En el futuro inmediato del colegio leonés, la intención del centro es ofrecer a un pequeño grupo de alumnos la posibilidad de visitar un colegio fuera de España durante una estancia corta, dentro del programa Erasmus+. Por ahora han comenzado a formar a profesores, que ya el año pasado viajaron a Brno, en la República Checa, como observadores.

“Este año estamos tratando de traer a los niños; Lo solicitamos y se aprueba, pero depende de las redes de colaboración que podamos establecer con otros centros”, afirma Ámez. “Viajar en un contexto educativo te cambia completamente de opinión; Les ayuda a ser autónomos y competentes en el uso de la lengua y a saber comportarse en un entorno escolar que no es el suyo”, añade. Pero primero será necesario superar la reticencia de las familias a dejar que sus hijos viajen al extranjero durante una semana.

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